
Enseñando a crecer
septiembre 25, 2008Un sábado por la noche, una madre lleva a su hijo a una fiesta. Están dentro del coche en frente de la casa donde se celebra. Entonces el adolescente se planta y dice que no quiere entrar porque le da vergüenza. Tiene una ortodoncia y teme que le vea la chica que le gusta. ¿Y lo dice cuando han llegado? ¿No la tenía antes de salir de casa? ¿O es que no se había dado cuenta antes? La verdad es que pensaba que esto de los aparatos en los dientes estaba superado desde hace tiempo, pero parece que no.
Entonces su madre, que por cierto sí tiene una dentadura perfecta, le convence de que el conquistar a una mujer no tiene nada que ver con el físico, sino con hacerle reír y bla, bla, bla, bla. Claro, por eso están los gimnasios vacíos.
Pero mamá no ha hablado (¿adrede?) de un significativo matiz. Y es que no es lo mismo el que se rían contigo que el que se rían de ti. Así que manda a su hijo a un ridículo más que probable. De todas formas, lo importante es que captes que si utilizas compresas de la marca serás supersegura, superpersuasiva y muy mujer. Me encantaría que alguien me explicara qué es eso de ser “muy mujer”. ¿Si un “muy hombre” se pone una de estas compresas también sería “muy mujer”?
Otro absurdo pensamiento que dejo volar: ¿Te imaginas el mismo anuncio protagonizado por un padre y una hija? Me encantaría verlo.
